La tarta de arándanos es un tesoro de las regiones montañosas, desde los Vosgos hasta los Alpes: una masa quebrada crujiente y una avalancha de arándanos jugosos que estallan en la boca, con un jugo violeta profundo que se vuelve brillante y cubre al hornearse. Un postre simple en apariencia, pero que esconde una trampa bien conocida: la base empapada.
Esta receta lo soluciona de una vez por todas con tres precauciones de pastelero: un precocido en blanco, una capa de polvo de almendras y una pizca de maicena en la fruta. ¿El resultado? Una tarta crujiente desde la primera hasta la última porción, con un relleno generoso y brillante.