Untuoso, ácido, brillante como un espejo: el lemon curd es la crema de limón con la que se cubre todo en Inglaterra, desde los scones hasta las tostadas de la hora del té. En la pastelería francesa, se ha convertido en una base imprescindible: relleno de tarta de limón, corazón de macaron, inserto de layer cake o de tronco de Navidad.
Y sin duda es la base más rápida de dominar: 4 ingredientes, una cacerola, 20 minutos. Todo el secreto está en una cocción suave a 83°C sin dejar de batir, y un paso por el colador para obtener una textura sedosa. Una vez probado casero, es imposible volver a los frascos comerciales.